Con 93 votos a favor y 2 en contra, la Cámara Baja dio luz verde al texto al que solo le falta la firma del presidente, Gustavo Petro, abiertamente antitaurino, para convertirse en ley.
Hasta la entrada en vigor de la prohibición, en tres años, el Gobierno buscará alternativas de empleo para los trabajadores que dependen directa o indirectamente de la tauromaquia.
Petro celebró la aprobación en su cuenta de X: “Felicitaciones a quienes por fin lograron que no sea un espectáculo la muerte”, escribió.
El texto aprobado incluye otros espectáculos similares a las corridas que se celebran con becerros y vaquillas.
La autorización o prohibición de esta actividad depende de los gobiernos locales en virtud de una sentencia de 2018 de la Corte Constitucional, que delegó en el Congreso eventuales restricciones.
Bogotá y Medellín, las dos principales ciudades de Colombia, prohibieron las corridas desde 2020, mientras que en Cali (suroeste) y Manizales (centro-oeste) están permitidas porque son actos centrales de sus fiestas.
Colombia se suma a lista de países que prohíben la tauromaquia en la región, como Brasil, Chile, Argentina, Uruguay y Guatemala.
– Años de pulso –
La prohibición de las corridas fue en los últimos años un pulso entre congresistas ambientalistas y sus contradictores, principalmente de partidos de derecha acusados de responder a intereses particulares de organizadores de estos eventos. En 2020, un proyecto similar estuvo cerca de ser aprobado, pero finalmente fue archivado.
Los congresistas a favor de la prohibición argumentaban que las corridas, una de las más controvertidas herencias culturales de la colonización española, “son contrarias a otros derechos de rango constitucional, como el medio ambiente sano, la dignidad humana y el reconocimiento de los animales como seres sintientes y sujetos de protección especial frente al maltrato y la violencia”.
