El anuncio del Gobierno nacional sobre el incremento del salario mínimo para 2026 encendió las alertas en el sector hotelero de Santa Marta, que advierte un impacto directo y estructural en los costos operativos y en la sostenibilidad del empleo formal. Gremios del turismo se pronunciaron para señalar que la medida afectará no solo a los hoteles, sino también a agencias de viajes y operadores turísticos formales de la ciudad.
Para el sector, el efecto no se limita al aumento del salario base. La hotelería opera 24 horas al día, los 365 días del año, con recargos nocturnos, dominicales y festivos que amplifican cualquier ajuste salarial. En una actividad intensiva en mano de obra, el incremento se traduce en un alza inmediata de los costos fijos.
Omar García Silva, presidente ejecutivo de Cotelco Magdalena, explicó que el turismo es uno de los mayores generadores de empleo en el país. “De acuerdo con cifras sectoriales, el turismo aporta más del 7 % del empleo nacional y, en territorios como Santa Marta y el Magdalena, se consolida como uno de los principales motores de trabajo formal, especialmente para jóvenes y mujeres”, señaló.
Ese peso laboral, indicó, explica por qué el aumento del salario mínimo golpea con mayor fuerza a la hotelería. “El incremento tiene un efecto inmediato sobre nuestra estructura de costos. En un sector que depende del recurso humano para garantizar la calidad del servicio, este tipo de decisiones, si no vienen acompañadas de medidas de alivio, afectan directamente la sostenibilidad del empleo formal”, afirmó.
Aunque el turismo ha mostrado señales de reactivación, el gremio advierte que muchas empresas aún se encuentran en proceso de recuperación tras la pandemia. Deudas acumuladas, inversiones aplazadas y una demanda que no alcanza los niveles prepandemia reducen el margen de maniobra. En ese contexto, un incremento salarial sin medidas compensatorias podría obligar a ajustar turnos, aplazar contrataciones o frenar inversiones en modernización e infraestructura, justo cuando los destinos compiten por calidad y precio.
Otro de los puntos sensibles es la competencia desigual con la parahotelería y otras formas de alojamiento informal. En Santa Marta, esta oferta representa una porción significativa del mercado y no asume las mismas cargas laborales, tributarias y regulatorias que el sector formal, lo que profundiza la presión sobre los empresarios que sí cumplen la normativa.
Finalmente, el gremio alertó sobre el efecto multiplicador del aumento salarial en otros costos operativos como insumos, servicios, transporte y logística. Esta presión, advierten, podría trasladarse a los precios finales que paga el visitante, reduciendo la competitividad de Santa Marta frente a otros destinos turísticos nacionales e internacionales. Por ello, reiteraron el llamado al Gobierno para que el ajuste salarial venga acompañado de alivios tributarios y medidas de apoyo que protejan el empleo y la formalidad en el sector.
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