En Santa Marta, el servicio del agua es una rutina de supervivencia. Durante años, miles de familias se acostumbraron a vivir pendientes de un tanque, de una alberca o del ruido de un carrotanque entrando al barrio.
Madrugar para llenar recipientes, pagar agua almacenada o esperar durante horas un vehículo cisterna terminó siendo parte de la vida cotidiana en una ciudad que, paradójicamente, creció como destino turístico mientras su sistema de acueducto seguía colapsando.
En Santa Marta, el servicio del agua es una rutina de supervivencia. Durante años, miles de familias se acostumbraron a vivir pendientes de un tanque, de una alberca o del ruido de un carrotanque entrando al barrio.
Madrugar para llenar recipientes, pagar agua almacenada o esperar durante horas un vehículo cisterna terminó siendo parte de la vida cotidiana en una ciudad que, paradójicamente, creció como destino turístico mientras su sistema de acueducto seguía colapsando.
El alcalde de Santa Marta, Carlos Pinedo Cuello, aseguró que su administración dejó atrás la contratación masiva de carrotanques y empezó a usar esos recursos en proyectos de infraestructura para agua potable y saneamiento básico, cuestionando la gran cantidad de dinero que se gastó durante más de una década en atender emergencias temporales sin resolver el problema de fondo.
La crisis hídrica en Santa Marta lleva años desbordando gobiernos. Cada temporada seca, cada fenómeno de El Niño y cada aumento en la demanda turística terminaban activando el mismo mecanismo: urgencias manifiestas y contratos millonarios para distribuir agua en barrios donde el servicio simplemente no se prestaba con normalidad.
Uno de los contratos más cuestionados durante la administración pasada superó los COP 2.360 millones. El convenio contemplaba la operación de 36 carrotanques que debían abastecer sectores afectados por la reducción de caudales de los ríos que alimentan el sistema de captación de la ciudad.
La apuesta para cerrar una deuda histórica
La administración distrital sostiene que el dinero que antes se destinaba a carrotanques ahora está siendo dirigido a obras relacionadas con acueducto, mantenimientos de pozos profundos, estaciones de bombeo y alcantarillado.
Entre los proyectos que el Distrito considera estratégicos aparece la Planta El Curval, una obra que busca fortalecer la capacidad de tratamiento y distribución de agua potable en sectores históricamente golpeados por los cortes y la baja presión. También avanzan trabajos relacionados con recuperación de redes hidráulicas, optimización de pozos y ampliación de infraestructura sanitaria.
El alcantarillado es otro frente crítico. Durante años, barrios residenciales, zonas comerciales y sectores turísticos del Centro Histórico convivieron con rebosamientos de aguas residuales que terminaron afectando la imagen urbana de la ciudad.
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